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Análisis indica que los individuos más agradables o bondadosas promedian ganancias elocuentemente inferiores a aquellos con personalidades opuestas. ¿Es el dinero un premio destinado a la carencia de calidad humana?

dinero maldad

Bastantes hemos reflexionado acerca de la naturaleza del capital, acerca de los orígenes y secuelas del rol que este que ha desempeñado históricamente dentro de la sociedad. Más lejos de que hay variadas posturas aproximadamente de este “personaje” sociocultural, lo que resulta indudable es que a lo dilatado de nuestra historia ha sido ocasión múltiples diferencias, disputas, guerras y crímenes. Hasta verdad punto parece que el capital surgió como una especie de condena o, por qué no, un desafío evolutivo, en el que matices de la naturaleza de un individuo como la altruismo, la amabilidad y la honradez, poseen que batallar, y vencer, al “lado oscuro”, vivamente representado por psico-entidades como la anhelo y el egoísmo.

Un análisis nuevo detectó que los individuos amables ganan, elocuentemente, menos capital que aquellas que poseen una carácter opuesta. Aquellos trabajadores que calificaron debajo del en serie de amabilidad promediaron 18% más ingresos en equiparación con los que la practican (en el caso de las Hembras la divergencia entre las dos “personalidades” baja a 5%).”Los chicos adecuados obtienen lo peor”, declara Beth A. Livingston, co-autora del análisis y profesora de estudio en departamento de personal para la School of Industrial and Labor Relations, de la Facultad de Cornell.

Los autores de la estudio recolectaron información recabada a lo dilatado de vigésimo años por medio de 3 desiguales encuestas aplicadas a Diez,000 profesionales activos, abarcando un amplia gama de edades, profesiones y salarios. Hicieron adicionalmente un análisis por separado a 460 estudiantes de negocios, en el que les pidieron que actuaran como gerentes de departamento de personal en una empresa ficticia, y se les mostraron perfiles de postulantes que aspiraban a un empleo como asesor -aquellos candidatos que previamente habían calificado como mucho amables consiguieron menos puestos que los demás-.

Al convenir este aberración posee que ver con la masculinidad, y con la alianza de este concepto a la combatividad. Si consideramos que el orbe de los negocios está marcadamente dominado por hombres, y que su doctrina de creencias les “obliga” a comportarse con cierta combatividad para reafirmar su rol masculino, por lo tanto esta pudiese ser una de las explicaciones de por qué es más dócil salir victorioso en los negocios o en el empleo, y por lo tanto realizar más capital, en el momento que se es más agresivo que afable. Los machos amables muy posiblemente no cumplen “con las expectativas de un comportamiento masculino”, expresa el análisis. Otro factor es la ademán en la negociación. Al convenir las personas más bondadosa pocas ocasiones intenta defender una cierta cantidad de salario o aumentarla, entretanto que aquellos más agresivos incurren en esta ejercicio prácticamente automáticamente.

Parte del contrariedad reside en el doctrina de remuneraciones laborales, orientado asiduamente a premiar a los trabajadores más egoístas, menos éticos y menos amables. “El contrariedad es que bastantes gerentes no se dan cuenta de que están recompensando la error de amabilidad. Puedes afirmar que tu empresa valora la amabilidad pero tu doctrina de compensación no lo refleja”, añade Livingston. Aunque, y pese a que pudiese ser considerada como una ademán contumaz o contra-cultural en el interior del orbe de los negocios, lo verdad es que hay empresas que particularmente buscan desalentar la combatividad entre los subalternos. En Seattle existe una empresa, Lockerz, que ha implementado una política nombrada “no jerks and divas” (sin patanes ni divas), explícitamente diseñada para castigar posturas consideradas como poco leales o agresivas entre su grupo.

Cuesta la pena resaltar que más lejos de la tradicional alianza entre el capital y la poca Cualidad humana (históricamente justificada), resulta en abundancia sano y animador distinguir que el capital en sí es una invención abstracta y sintético, y que pese a que los sistemas sociales de las finales décadas se hayan, de algún modo, diseñado alrededor de este “elemento”, su naturaleza es esencialmente aséptico. El brillante teórico de los medios, y Asimismo ágil analista de las novedosas economías, Douglas Rushkoff, nos invita a “auto-programar” nuestro capital, es opinar, a rescatarlo de las garras de un doctrina económico completamente general y regresar el precio del haber a un orbe verdadero, orgánicamente cooperativo, con personas reales y bajo un esquema en el que el “pastel” no se concibe como poco circunscrito, lo cual lleva irremediablemente a creer que lo que otra persona posee poco que ‘yo estoy dejando de tener’.

Lo previo conlleva una tajante antítesis de la filosofía promovida por inversionistas y corredores de bolsa, la cual queda fielmente plasmada en una explicación que emitió Ray Dalio, un exitoso especulador y cuyo hedge fund, Bridgewater, se ha convertido en el más rentable en el interior de los fondos de detención peligro: “Si deseas ingresar más capital que la media del comercio, tienes que quitárselo a alguien”.

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