El 70% de la superficie de nuestro planeta está cubierta por agua, el único problema es que el 97% de ella es agua salada y por lo tanto no es apta para beber, regar cultivos, etc.; de ahí que solo un 3% sea idóneo para el consumo humano.

Tomando en cuenta estos datos y por temores fundados en su escasez y degradación ambiental, durante el Siglo XX se comenzó a ver el agua como un bien material sujeto a ser comercializado y a dársele cierto valor en el mercado; sin embargo, para muchos, el agua ha llegado a ser vista como un derecho humano al cual no debería ponérsele precio ni ser objeto de apropiación o desperdiciarse en industrias manufactureras.

Lo cierto es que, dejando de lado estos debates, el agua es un recurso necesario para la vida y el asunto acerca de su accesibilidad para futuras generaciones está hoy en día en la agenda de gobiernos a nivel mundial. Muchos especialistas en el mercado financiero de commodities concuerdan en que el agua promete ser para el Siglo XXI lo que el petróleo significó para el Siglo XX, esto es, el bien que determinará el que una nación sea catalogada como económicamente exitosa o no, de ahí que haya llegado a ser apodada como el “oro azul”; de hecho, en países como Venezuela, un litro de agua embotellada llega a costar más que un litro de gasolina.

De acuerdo a un estudio llevado a cabo por el World Water Assessment Programmer Study, 70% del agua fresca es utilizada para el riego de cultivos, 22% en las industrias y tan solo un 8% en usos domésticos.  El año pasado, la Organización para la Cooperación Económica y el Redesarrollo determinó que para el 2030 la mitad de la población mundial vivirá en aéreas con escasez de agua potable.

agua

De manera que el considerar el agua como un bien objeto de comercio pone a algunos países en ventaja con respecto a otros, pues se le da a este recurso la característica de ser intercambiado por otros bienes o por dinero, de acuerdo a la ley de la oferta y la demanda, pasando de ser un bien público a un bien económico, y pareciera que en un futuro cercado la demanda superará la oferta.

Pero esto no debería parecernos extraño: Acaso no compramos agua embotellada regularmente y pagamos un precio determinado? Por qué elegimos hacer esto en vez de deber agua del grifo más cercano? Precisamente porque ya estamos pagando un costo para obtener un producto considerado de una mejor calidad al tomar en cuenta elementos como la contaminación y al crecimiento de la población mundial.

Las preocupaciones acerca del tema del agua ya no son solo teóricas, incluso la posibilidad de conflictos internacionales debido a su tenencia ya no suena tan descabellada. En el caso del petróleo, cuando una nación necesita de éste, simplemente lo importa de otros países; en el caso del agua el problema podría ser más complicado, debido a que, si bien también se considera un recurso no renovable, enviar cargamentos de agua no es para nada práctico, de ahí que la comerciabilidad del agua tenga características especiales. De hecho, China, donde el bombeo excesivo de agua ha traído carencia de agua en el norte, ha optado por importar productos ya manufacturados de otros países para ahorrar agua en su territorio.

El agua es un bien especial porque nada puede sustituirla: nada es tan universal y necesario como el agua. Debido a que ella está presente en todo lo que hacemos y consumimos su disponibilidad (y su precio) son cruciales, no solo para la supervivencia de la población mundial, sino también para la economía global.

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